De las bocas 

S​i el oscuro es ruin de las mentes opacas y el brillo de los ojos transparentes marcan la salida.

Dónde deben las hojas posarse tras su caída. Tras las nubes que revientan los celestes cielos impulsados por la vida.

Merecen universales promesas. Inquietudes distantes pero propias. Enlazan las tormentas más que gotas del vigor dulce de las bocas.

Inciertos encantamientos vienen tras tus brazos de terciopelo.

Caminos que bifurcan las geografías del  desvelo. 

F. K.

Una primavera en abril 

Ya no puedo encarcelar éste deseo de volar.

Si mis pies se vuelven mar, no es más que agua que he de nadar. 

El azul del cielo marea mis ojos. Los pone en un paraíso en donde vivo y desconozco. 

Esa mujer que ha venido ahora no es más que piedras que han oído. 

El sonido del tren que abraza espera otra estación,  espera en calma. 

Pues la neblina de aquél camino no ha sido más que eso y se ha ido. 

Rememoro la tristeza y la nostalgia que alguna vez fueron ella.

Sin embargo, tan de a poco ha sido un gran despojo. Dejar ir miedos, esa rueda de misterios. 

Se ha aclarado todo tanto,  se han marcado tantos pasos.

Despeinada en el espejo y una sonrisa de nuevo.  Ha vuelto el alma a ser el cielo en donde sobrevuela el amor de nuevo.

F.K. 

Coraje he de tener

Debo reconocer que aún te pienso. Cada vez que cruzo esa esquina en donde me esperabas abrazado a tu abrigo bajo la oscuridad de las noches. 

Cada vez que llego del trabajo imaginando que aún no has regresado por quedarte en algún bar tomando café y leyendo algunas páginas de poesía chilena.

Debo reconocer que quizá, apartarme de tus días ha sido una de las cosas más difíciles que he tenido que aprender. 

Desprenderse de diminutos destellos que laten silenciosamente. 

Qué tal coraje he de tener de imaginarte vivo sin poder tocar ya esos momentos. 

Se juntan esos inacabados deseos en donde lo mágico fue tan estúpidamente desvaneciendo todo hasta desaparecer. 

Tanto desorden provocador llega a proclamarse en suspiros. 

Quién sería yo sin haberte parado en el destiempo que huyó. Grotescas ganas revientan de celos pensarme en otros besos. 

Aullan detrás del derrumbe. Bosquejo pasado de fotografías privadas iluminando la resistencia. 

F.K.

Desvestirse 

Tu sonrisa perdida, sonando por el aire. Se vacían los sentidos cuando intento acercarte. Deja abierto el paraíso sin siquiera tocarte.

Algo hay en sus decires, algo incluso inquietante. Desespera la razón de las mentes más brillantes.  Bien bonito sucede mientras anda bajo efectos radiantes. 

La contradicción del alma es que ama sin amarrarse, suelta hilos y descoce algo que alivia pero sin querer ocuparse. 

Despacio callando van los hijos que fueron padres. Podrán vestirse y desvertirse tan sólo por disfrutar del viaje. Crees que sos el único boicot que sirve para disfrazarte. 

Pero no funciona así hasta que hagas algo con un pequeño trabajo aún cuando siempre depende de una manera que nos calme. 

Volver loco al opresor de las prisas que grita desde adentro, es casi siempre un lugar de encastre. 

Jugar certezas del todo establecidas. Hundir desde fuera la fuerza para hacer la ventana de tu propia huída . 

F.K. 

A tu orilla 

Vienen de a poco esos mismos que ayer se fueron. Brindan en un sereno recuadro rodeado de bordes. Bordes sellados y brillantes en una lejanía casi perfecta.

Siento por momentos que algo de eso se queda y brota de mí algo que se parece a una fiesta. Buscan y niegan la búsqueda al encontrarse así descaradamente en sinsentidos de soledad.

Viniste muchas veces sin golpear. No pude escuchar tu risa.  Cómo hacer para garantizarte que las cenizas eran mías.  

Incendios rotos por lluvias de bocas que sedan con besos hirientes. Iguales a un puerto. Con anclas y peces. Nada tan leve que me lleve cuando vuele. 

Crezcan pese al vaticinio del sauce en la orilla. Morirse entre sábanas no es como hacerle cosquillas. 

Más grande quien salva el reflejo es quien tiemble a tu orilla.

F. K.  

Nunca fueron 

Primero una luz se reflejó. Surgió viviente de aquel hueco. Con toda su fuerza iluminó el pasillo.

Una gran explosión buscó plenamente cobijo bajo el arbolado patio trasero. 

Deshechos fuertes hicieron unos minutos aquél paisaje instantáneo.

Arrebato de tu cuerpo perversamente recostado rodeando el río. 

Sutiles cantos apagados que entre hoja y hoja resonaron desbandando seres en frío. 

Ruin culpa demandada. Cuando por ellas se iban. Gritan coloreando las estrellas más aún sin fuerza que las guía. 

Nunca eran esos días. Nunca fueron tus caídas. Crudo choque que insiste saborear el jugo de mi alegría. 

F. K. 

Parece quieta 

Bajo la piel abstracta que envuelve un vestido dispuesto para herir. Rutas retiradas despistan los anhelos ciegos repitiendo ruidos de cielos empolvados.

Crecen los puñales sinceros. Ríen los alados seres al verte respirar. 

Contra toda manera. Contra un suburbio en escala. Quien sería el error incierto nacido para vencer. 

Mutila espaciadamente los ahogos. Monarca de un seno partido en pesados intentos de promulgar el rito. 

Un sinfín intrigante. Parece quieta la morada. Amordaza el designio desesperado por huir de aquellas tiernas manos. 

Rebalsa la nostalgia. Mentira encajonada puja en los intermedios paranoicos del encierro.

F. K.