Fijate

Caos que sobreviene a la espera. Ese rito impune vacía descontrol albergado en el silencio.

Quiereme, en los instantes de un olvido cuando el aire de a poquito se haya ido a respirar. 

Desde una ola sobrevienen los soplidos. Es el ruido de tormenta que desciende sin parar.

Como sea, ya podemos dejar los mantos.  Ya podemos perforar sonidos que devienen de las notas,  la memoria sin acabar.

Quiereme, aún encima de un árbol en donde sellan las bengalas un destello de metal.

En donde brindan las esferas que contienen las burbujas descartadas al bordar. 

Fíjate, quizá te parece una locura. Sin lógica más que cura de una vida que se va.

F. K. 

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Retazos 

Reborde de calma se estruja ante un pensamiento que borra oráculos protegidos con incienso. 

Llega un otoño por repetición. Armando cobijos de amuletos. 

Puedo rescatar pequeños conjuros inspirados frente a un mar.

Buenas dedicatorias para aquél refugio aún deseado sin tocar.

Observar desequilibrios que marean cualquier raíz. 

Fuente de perlas ahogadas intentan abrir retazos de las noches. 

Volar sobre la guerra pero imitando los sismos. 

Creo calmar escondites privados. Creo ser la esencia de lo que va separando. 

Pregúntale si alguien le ha dicho algo que mueva su montaña. 

F. K. 

Los dormidos

Barren tus palabras la melancolía de mis recuerdos.

Seremos como brotes que encuentran fuerza en lo profundo de la tierra.

Podrán nuestras vanidades escudarse en la sombra.

Esencias inquietas frente a un mar de bombas. 

Se deleitan los dormidos agrupados en antorchas.

Maullan desde sus jaulas instalando una derrota.

Huyen presos del olvido, juntando rostros en patota. 

Desde el núcleo encendido se ven partes de incendios. 

Son historias que elevaron las ocultas memorias. 

F.K. 

Recaída 

Despertar al encuentro de una extrema soledad.

Tristeza del inexplicable torrente de ilusión. 

Ningún enamorado puede ambicionar ser ignorado por el propio amor.

Duele tu cuerpo separado del mío. Una sombra circundante ocupa el sabor del olvido.

Fragmentos agitados sobre una ausencia que aún te pertenece.

Nubes sin respuestas, tormentos de una pesadilla que agrieta mis abstractas pérdidas. 

Como prueba de una realidad que asfixia no le temo a la esencia.

Los demonios de una recaída son más bien el desorden que impera.

Corro para no detenerme en la existencia. Para apresar a la locura del sentido. Para dar la espalda al profeta sombrío. 

Someto este acto al límite del ridículo. 

Declaro ante todo, la debilidad que sostiene esta verdad inmediata al hastío. 

F.K. 

En presente 

Sólo es hacia adelante que se guardan los recuerdos.  Si ni siquiera lo intento se me van escabullendo.

Siento el frío tan adentro que me aleja de tu sueño. Siento una estúpida sensación  de dejarte sin aliento.

Cuando las sombras se sienten al calor del movimiento. Se hacen trizas mis espejos y una maldicion que encierro.

Si tan sólo vieras que te veo. Más que la luna intentando ser cielo.

Bueno….que decir si ya no puedo… más que temblar frente a tu cuerpo. 

Son las luces que se apagan cuando llegan tus silencios.  Es tan tibio este regalo que me arañó en suspenso. 

Hoy me duele el frágil cuidado de un corazón sobrero.  

Hoy me duele todo eso que ha sido lo que te tuvo quieto. 

Frente al mar están los besos. Frente a todo lo que espero.  En presente es que te quiero y es que no sé…..no sé cómo te atravieso.

F. K. 

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Los insalvables minutos de la cobardía.

Rebrote exquisito de las lunas.

Alivio perfecto sintomático del vacío.

Trampas clandestinas al sabor sincero.

Piezas desechadas rearman el sangriento puerto hacia los ríos de tu escultura.

Pieles gruesas armadas adornan los palcos del acto invertido.

Viaje enfermo de prisas desacelera los pulsos inmediatos.

Bruma que enfurece el paisaje desprovisto de atajos.

Aún ese tramo que somete los anuncia.

Desplegar un presente cuando intuye la retirada desafía a cualquier generoso noble a cerrar los puños y direccionar su pista.

Caricias rebozadas que duermen en tus brazos, son el regalo que aún me habita.

F. K.

No como yo

“Nadie te va a amar como yo”, me dijo.  Y con esas palabras ostentó separarme del mundo para siempre. Como si sus tentáculos pudieran amarrarme a su pecho lleno de vacíos que ni el corazón más poético hubiera podido colmar. 

Luego una lluvia imprimio lo que por mucho tiempo sería la premisa de mis días. 

Viéndote en esta distancia casi injusta entrego el más celestial de mis abrazos para poder desde ahí ser algo más que un canto donde soñar.

Verás poco a poco en la multitud de algún momento cómo sería haber tenido algún otro corazón que arrinconar. 

Fatidico suspenso encontrarnos bajo el sello de las nubes.  

F.K.