Sabores 

Desaparezco. …desde los bordes inconexos del límite. 

Donde se refugian las hojas soleadas y vierten los espíritus el estímulo del valor robado.

Reflejado sobre una pared bañada de cielo resurgen las costras mínimas del hastío. 

Pletóricas rutinas encienden el sabor muerto de un secreto.

Centrífugas ideas remiendan el inconveniente susurro sin espacio. 

Pues bien, ahí se quedaban bastante intensamente quienes poseían el destino de las flores.

F.K. 

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Ese algo 

Está todo tan cerca cuando el pensamiento decrece.

Al menos parece como si de repente esas quietas marionetas cesaran su risa. 

Es tan inútil a veces desistir del intento. 

Creías que todo estaba así. Simple. Sin piel. Creías que bajo la sutil sombra veía tus huesos.

Mientes tan verdaderamente que aún así prometo quererte.

Como serán las calmas que traes a ésta desalineada terquedad. 

Vístete aunque sea un baile perdido. Aunque la música se haya ido sin melancolía que danzar.

Haremos un templo desnudo. Más que algunas fotos que retraten los segundos de tu sonrisa.  

Tienes eso. Tan sólo ese algo. Pretendo girar ante todo tu tiempo. 

F. K. 

Todo es un show para la muerte

Interfieren esas máscaras que no hacen más que destapar tus propias vidas.

Cuando el remolino junta todo lo que ha arrasado lo convierte en una purga.  Lo hace quizás sin saberlo o quizá pensando en hacer daño.

No le temas a un espejo que ha estado simplemente esperando.

Por arriba de las horas hay esperas alejando.  Reclaman tan sólo los minutos que les han ido recortando.

Fue la fuerte rezagada quien abrió puertas sin mostrarlas.  Ahora que ya no hay nada sólo quedas con tu alma.

Más allá del poder que implora. Más acá cuando se desarma.  Pretendes ser una estaca ya clavada sin venganza.

Ventanitas susurran lo que han presenciado en la mañana. Tal vez si fuera un camino sería un unicornio que avanza.

F.K.

Lapsus

Es el cielo que entre nubes desaparece.

Tierno corazón sólo sabe de la inocencia que es vivir en un abrazo.

¿No lo sentiste? Todo cambiò, tan sòlo un poquito.

Sólo di sì antes que el mundo despierte. Sòlo di sì antes que la razòn se libere.

Serà tan dulcemente trágico y mágico a la vez.

Como la sangre que abre la piel ante tu mirada.

Desolado invierno que regresa bajo promesas de fuego.

Frases que terminan como melodías con sólo algunas notas.

Color intenso recubre esas imàgenes del ritual tardìo.

Se extinguen los versos, oscurecen las glosas, incierto lapso discurre a deshoras.

Designio prohibido, destino que implora, bucea la dulzura en los barcos que azota.

F.K.

 

 

Los dormidos

Barren tus palabras la melancolía de mis recuerdos.

Seremos como brotes que encuentran fuerza en lo profundo de la tierra.

Podrán nuestras vanidades escudarse en la sombra.

Esencias inquietas frente a un mar de bombas. 

Se deleitan los dormidos agrupados en antorchas.

Maullan desde sus jaulas instalando una derrota.

Huyen presos del olvido, juntando rostros en patota. 

Desde el núcleo encendido se ven partes de incendios. 

Son historias que elevaron las ocultas memorias. 

F.K. 

Recaída 

Despertar al encuentro de una extrema soledad.

Tristeza del inexplicable torrente de ilusión. 

Ningún enamorado puede ambicionar ser ignorado por el propio amor.

Duele tu cuerpo separado del mío. Una sombra circundante ocupa el sabor del olvido.

Fragmentos agitados sobre una ausencia que aún te pertenece.

Nubes sin respuestas, tormentos de una pesadilla que agrieta mis abstractas pérdidas. 

Como prueba de una realidad que asfixia no le temo a la esencia.

Los demonios de una recaída son más bien el desorden que impera.

Corro para no detenerme en la existencia. Para apresar a la locura del sentido. Para dar la espalda al profeta sombrío. 

Someto este acto al límite del ridículo. 

Declaro ante todo, la debilidad que sostiene esta verdad inmediata al hastío. 

F.K. 

Mañana

Cuando me di cuenta, te habías ido. De mi mundo lindo. De mi mundo perdido. 

Cerré las persianas que daban al vacío.  Llené las maletas y me puse abrigo.

La estufa apagada escupió un humo torcido.

Me senté en el borde a brindar conmigo.

Apagué las luces del vestidito que la muñeca llevaba tan bien ceñido. 

Dibujé en el aire con un breve soplido. Era tu nombre en forma de ovillo.

Despertaron los cactus al no sentir mimos. 

De a poco también enloqueció la tormentosa caja de niños.

Sólo canté mirando la arena y la espina de un palmar bailando en la escena.

Mañana no estoy en esta tierra pero tal vez hoy, tal vez no vuelva.

F. K.