Escena

Mientras empuja,

va levantándose ese fulgor.

Grita,

tan escandalosa,

que apenas si puede saberse

lo que está diciendo.

La había mirado tantas veces.

Tantas veces,

que sus uñas manchadas de nueces,

le quedaban calientes

de frotarlas bajo el agua.

Hacía como si no.

Como si aquél

movimiento coreografico,

no le crispara la piel.

Cemento célebre bajo sus pies,

en una calle pálida y desnuda

bajo las luces del barro.

Vino ensayada desde los tablones

donde no hacía más que imitarlo.

Una vida desprolija y sin planchar.

qué más posible que andar

sin saber correr

a un laberinto de espinas.

Talladas de azulejos

parecía algo de su quietud.

Claramente

maniataba su brújula,

sin desesperar,

bajo una lluvia

interrumpida al final.

Monigotes hechos personas

bajaban por la sombra,

de un abeto encendido

pintando cristal.

Basta ya de esta escena,

le dice

mientras se vuelca encima

una copa de champán.

F.K.

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Le hablo

Preguntas que se cuelan en las intersecciones del alma.

Como espinas en un cuerpo desarmado de reacción.

Extraña quietud tan inverosímil como el tiempo que responde sin frecuencia programada.

El mar como compañía a quien le hablo de mis tristezas, lo inevitable de la vida que sopesa las mareas.

Claudican nuestros puentes, se desarman las correas. Se liberan los atajos al sumergirse sin cautela.

Grito estremecedor que despierta como emblema.

Muere todo lo que estaba protegido en una celda.

Mirarse en espejos que fragmentan. Es vivir anestesiado aunque el dolor no cesa.

Realidad impune que golpea en cada letra, cada frase que remonta, cada imagen que aparezca.

Libre el corazón bombea, respiración, en un presente que es ausencia.

F.K.

Requisitos para la huída 

Conversaciones que como el sonido,  aturden, resuenan en el vientre.

Educación circunscripta al raciocinio desvalido de quien la porta.

Interés perdido como aquél abrigo dejado en la basura, sin pensar por el apuro estreñido de un cuerpo contenido, que no sabe vomitar.

Instinto empedernido que sabe tanto del asilo de cubrir a los latidos cuando dejan de sonar. 

Bocado sabroso en mi boca, que más que callarse por tonta, no deja espacio al pensamiento y dice sin hilvanar. 

Opaco tono será testigo de un llamado esclarecido por la noche, en su estallido no hace más que tiritar.

Estrella rugiente de brillo devora el árbol decaído, ya han pasado sus vestigios.  No han dejado su elemento más bien la idea inquietante del que se vuelve y se va.

F.K.

Trampa

Te dije que te quería justo antes que dejaras de hacerlo.

Mientras el rocío humedecia tu cara, yo miraba para adentro.

Aquella noche tu cuerpo me dijo algo que tú callabas.

Y aunque me negara a escucharlo, algo esfumaba mi calma.

Tanto tiempo para darte, tanto orgullo que te mata.

Los embates se establecen pero amargan la escalada.

Fueran tan sólo trances entre dejarse sin palabras. Pero el verbo que nos une se conjugò sin habla.

Que la luna no comprenda, es casi una emboscada.

Espero al cauce del río que te trajo, flechado en aquella barca.

F.K.

Para los valientes 

Me duele cuando me voy porque sé que no voy a volver.

Me duele cuando te vas porque no sé si vas a volver.

Aprendo del dolor de aquello que se va y de lo que dejo partir. 

Renazco cada vez que algo se aleja y de a pedacitos algo nuevo llega.

Dejo libre al silencio que se clava en mis adentros. Escucho voces fuertes del calor que encierro.

Ya no busco y sólo entonces comprendo lo que hay de cierto. 

Me dejo a esos brazos extraños que me dan aliento. 

Me dejo al sin saber de nada porque amo el viento.

Sólo el aire sabe que acarrea todo lo que va ligero. Las raíces se sostienen en la profundidad del templo.

Pero bueno, que será de todo lo que va sin tiempos. Sólo hay más tardes que llegar corriendo.

Cuando vengas a mis sueños te exijo un gran incierto. Saber pues es para quien desea tenerlo todo en un cuenco.

En las nubes que reposo luchan los que han sido valientes pero libres de miedos.

F. K. 

Vaivenes 

Cuántas veces puede advertirse el dolor a sabiendas que las espinas son el invento para abrazar sin dejar de dar sed.
Cuánto más sería posible redimir si la mejor porción estuviera al alcance de cualquier acceso. 

Vivir en un vaivén que, aún en la quietud, despeine las caracolas de tu pelo.

Suburbio de imágenes que imperan escondites del anclado cuerpo que palpita por volver.

Ingenuos intentos por descubrirse frente al destierro de un alma que yace huyendo encima de una barca.

Espera, tan sólo para saber las respuestas que aún, no han visto luces entre la guerra. 

Lidera tu propia marcha al paso de pequeñas bestias. No serán quienes te vean sino las manos andadas y tiesas.

Veda que admite al amor sin treguas. Guías casuales, inmensas quimeras.

F.K. 

Libres de asociaciones 

Volver a pasar por ese lugar donde ya estuvimos pero diferente.

Porque pasamos y dejamos rastro y ahora es algo, algo nuevo que acontece.

Es como un laberinto infinito donde se entra y se sale. Donde se deja y se trae. Son las sorpresas que vienen a verte y se sienten inmensas. Como algo que sin esperar, se espera.

Y es la espera que el cuerpo alimenta. Se adelanta al tacto de ver la escena como una película, que de principio a fin la historia conmueva.

Se vuelve pero también es otra la mirada. Dejamos la inocencia tan anhelada que nos parte y un sello que a la vez la mate.

La compuerta abre y algún día otro recuerdo se cuela debajo de las sábanas que ahora son de estrellas.

Todo suena a cantinela. Se ve de lejos el pasado y se tocan las sirenas.

Bajo el agua que chorrea viene una inmensa marea. Una gota que se hunde al fondo de un vaso de donde bebió la vida entera.

Hace falta un remolino que levante polvareda, todo tan quietito que se aburren las antenas.

Hola a todo lo que vuela pues soy aire que despeina. Soy el viento que revuelve la constelación inquieta.

F. K.