Brotes 

Inolvidable imperio de miradas.

Esa pasión como una ola arrastra colores a tus huesos.

Profunda conmoción de un paraíso de rostros.

Como un regalo esos otros son el instrumento que añade señal a mi antena.

No puedo hacer que el fuego divino cese.

Ingenuidad que eleva mi oración hacia un acaramelado cielo. 

Ecos en la gravedad de un irrepetible momento.

Brillantez perpetua remolca mis últimas chispas.

Mi piel es un mapa de ríos y mares en donde navegan gotas del dulce consuelo.

Subyace el amor en todos los rincones, nuevos brotes encuentran su sitio para crecer en silencio.

F.K .

Voy 

Nunca supe bien cómo es mirar al vacío. Más bien sentí la fragilidad de caer aún con mis fortalezas. 

Mantenerse quieto en un vendaval, impulso insostenible dejarse llevar. 

Es más bien el vómito sincero que aprieta un corazón. Latires resonando son el truco de la razón. 

Será la mente que intenta doblegar a la emoción o simplemente miedo de destruir el caparazón. 

Tantas lunas se llevan al sueño que no empezó. Buscamos lo que no se encuentra, encontramos sin amor.

Voy curando centinelas, voy marcando mi canción.  Porque a pesar de no ser tierra, sostengo el brillo de un fulgor.

Sabré más cuando respire. Sabré más si voy al sol. Quemadas pero inocentes son las gotas del dolor.

F.K.

Incendios

Lejana sepultura del despreciable sentido intratable. 

Preguntas que condenan la curiosa necesidad de los magos.

Brillos fugaces irrumpen el lejano paisaje que trasviste un presente quieto. 

Redes prohibidas penetran cuerpos esculpidos sin reflejo. 

Es la una a la otra como si los ciervos olieran a lo lejos esta foto titilante. 

Universal es tu vicio que trepa por los mares internos de tu palabra. 

Interfiere sus calladas emociones. Rompen mis cuevas.  Ven los caminos siendo efigies del remolino. 

F. K.

Bastaría 

Si tan sólo fueran esos amargos intentos de nada los que esconden embates al filo.

Quien pudiera hacer trizas las ganas empapadas de fastidio.

Hazte ya de aquello que has bebido pues mi última ración se la llevan mis vestidos. 

Bajo la desnuda calma yacen tercos los quejidos.  Cuanto más he de alcanzar aquí bajo de tu nido. 

No son modos aquellos de engrandecer al hastío.  Bastaría de un clavel para perfumar al mendigo. 

F. K. 

La junta

Hacer frente al maldito desatino de tus alas desplegadas. Planear convencido de lo inevitable que suscribe una madeja intolerante de sin fines.

Gigantes desarmados golpean los portales en busca de que algo allí sea más que una polvareda. 

Injustamente una parte recorta una otra. Injusto destino flanqueado.

Esta vez sucede mucho en poco. Hasta aparece la sombra tapando al sol. 

Junta las bocas. Junta años. Junta golpes. Estrepitosamente salen a remendar el cielo desgastado por la lluvia celeste. 

Intercepta el drama raspando la brújula forcejeada del viento.

F. K. 

Verano diminuto

En una quietud que desarma sujetos. Mundos paralelos encienden pequeñitos hilos. 

Caminos aprendidos inquietan los obstáculos rendidos.

Moño a lunares envuelve su pelo como una brisa desnuda e incierta.

Amor molecular y minucioso expande las aguas templadas del tiempo. 

A su manera todo entiende y a tientas pero segura nada y marca su propios límites. 

Estrella silenciosa y aturdida en un mundo que envuelve caracolas. 

Vístete como una sirena resplandeciente a la orilla propia de un verano diminuto. 

F.K.

De las bocas 

S​i el oscuro es ruin de las mentes opacas y el brillo de los ojos transparentes marcan la salida.

Dónde deben las hojas posarse tras su caída. Tras las nubes que revientan los celestes cielos impulsados por la vida.

Merecen universales promesas. Inquietudes distantes pero propias. Enlazan las tormentas más que gotas del vigor dulce de las bocas.

Inciertos encantamientos vienen tras tus brazos de terciopelo.

Caminos que bifurcan las geografías del  desvelo. 

F. K.