Silvestre

Ofrecer al descuido algo de lo que queda de mí.

Entonces pienso y siento mis pies, 

flotando en una superficie etérea

 y el té que me espera inquietante, 

me quema la garganta, 

que sensible como está, tiembla en cada sorbo. 

Y aún no se puede decir que todo esté bien.

Solo puedo agradecer al viento

que alivia el dolor de este cuerpo,

que se pone tieso ante la amenaza del tuyo cuando se acerca.

Y me hago flor cada vez, con colores más espesos.

Y soy eso. A veces espero tus silencios.

Estás en peligro de dejarte ser así y no dejar que te amen.

El sueño partido y la ansiedad de vivir momentos que aún no llegan.

Estoy tan despierta al mundo que puedo transformarlo.

Hay una ecuación que divide sin decimales 

los centímetros que penetran el cuerpo.

Vamos a ritmo.

Mezclamos verbos.

Mi cerebro dormido,

moja tu pecho.

Y busco tras la sombra de aquél puñal un poco de bondad.

Quizá rememorar el tacto que transpiraba al azar.

Seré una sonata, aquello que te deslumbra.

Un sueño descarrilado.

Una balsa diminuta.

Unas mínimas olas.

Lujo de amapolas.

F.K.

Audaz

Estrangular las represas ya inmunes,

que descargan los subterfugios de un anhelo.

Se implantan las culpas repentinas,

audaces intentos de un espejo.

Gula incipiente de sólidos suspiros,

de acaparar algunos extremos.

Se han de ir las miserias,

aquéllas gotas de mar extenso.

Interrumpir castigos fuera de sueños,

tocan los suelos desnudos.

Algunos misterios aún resueltos,

olvidos desmedidos acallados por el cuerpo.

Resucitar extravíos.

Extraer la salvia de un árbol añejo.

Se corrompen aludidos algunos amores a destiempo.

Algo espera su grito,

frutos vacíos de un reflejo.

Interceptar sonidos abrumados por su entrecejo.

Difuminar las horas. Acicalar instrumentos.

Plenilunio aburrido. Abarcar deshechos.

Frío acontecido por el papel de cielo.

F.K.

Pequeño vals

En el borde del océano

donde tus pestañas reposan.

Donde tus caricias me arropan.

Allí.

Inquietante como una roca,

has suspirado un refugio,

una especie de ola.

Cueva incandescente ha cubierto tus rosas.

Tus destellos partidos.

Tu sonrisa espaciosa.

Dubitativo en la espina.

Tan certero en la antorcha.

Levantaras eucaliptus.

Perseguiras alforjas.

Duerme mientras vacilo.

Mientras un vals se acopla.

Reconozco al olvido,

que se ha ido a deshoras.

F.K.

Pedantería

De los arrebatos salvajes han nacido las camelias.

Reconozco la sutil pedantería de los besos de la esquina.

Los manteles sin esquirlas.

Quizá, un roce que le alquila.

Encantado bajo el puente desde los orgullos circenses han dejado cada gota ensamblada tras la roca.

La he visto envejecida. Quizás, más nueva que altiva.

Han tropezado escalones mientras caias en los bordes últimos de aquél bote.

Le temes tú a esos colores? A esas mágicas linternas que cogen la luz inaccesible para iluminar amores.

Respuestas interrumpidas por el ruido de la vida.

Por el sonido silvestre que antecede a tus pupilas.

Mientras tanto, una partida,

donde se muerden y suspiran.

Donde acontece lo inevitable. Lo escrupulosamente intocable.

Una burla clandestina. Esos decretos que oxidan.

Mucha purpurina y un sinfín de cosquillas.

F.K.

Agrupar

Si no fuera por el viento me arrastraria la intemperie.

Arrasaria con tus ropas y beberia de claveles.

Mientras miro los espejos leves agruparia pensamientos.

Reclamaria sus enseres.

Ay que rojo! se parece a tu sangre donde entran carruseles.

Qué profunda maravilla cuando atraviesas cordeles.

Cuando requisas un fondo. Cuando retumba tu temple.

El reducto de lo imprevisible en donde se destiñen corceles.

Tirar una moneda al universo y ver que sucede.

Te llamo mi amor para que mi corazón entienda a quien le ha dado amaneceres.

F.K.

Expansiva

Rincón del inocente,

intoxicado con simpleces.

Lujuria poderosa,

incestuosos displaceres.

Nos vamos en el tiempo,

arropando niñeces.

Reventando solturas,

escapando de avideces.

Codicia repentina,

instalarme en lo que enciende.

Reinventa tu cabeza,

frenéticas mudeces.

Encontrarse en algún fondo,

sublinguar deleites,

apaciguar los tonos,

lamer tus sienes.

Maridar adornos,

subestimar al tenue y denso sabor..

que recorta al manso,

y desaparece.

Ardor nocturno,

erupción del temple,

entibiar tus costras,

comer de aquello

que enloquece.

F.K.

Placeres

Emocionalmente corrompido,

por el estímulo silvestre.

Intoxicando las horas,

recuperando ambientes.

Estrechas las olas,

dibujando al poniente.

Conquistando farolas,

imitando serpientes.

Pisotear caracolas,

mientras duermo en tu vientre.

Salvajismo de ahora,

nubosidad ardiente.

Subyugar lo que aflora,

invadiendo tu temple.

Revelar las escorias,

retratar placeres.

F.K.

Mientras

Mientras lloraba,

sin motivo alguien reía.

Mientras cantaba,

hizo eco algún silencio.

Mientras dormía,

algo despertó del templo.

Mientras observaba,

vi a la lluvia luchar contra el viento.

Mientras volaba,

algo permanecía quieto.

Solamente hacía falta,

interpretar esos huecos.

Esas sensaciones vacías,

esos inexplicables sucesos.

Conversaran algún día quienes fueron momentos.

Una premisa escondida,

Un corazón sin misterio.

Suplicaran las olas,

haber salpicado al incierto.

Multiplicaran las horas

aquellos que han visto el infierno.

Cómo parar está bruma.

Cómo equiparar al cielo.

Si al final de estas coplas,

tan sólo seré,

un susurro del cuerpo.

F.K.

Paraíso

Crear un paraíso,

en lo profundo de la mente,

rescantando olvidos,

marchitan sus sienes.

Florecen instintos,

apuran las mieles,

mil noches escritas,

debajo de un puente.

Milagrosos encuentros,

curtidas pieles,

mientras dormía su llanto,

el atajo aparece.

Plateadas directrices,

al cielo enrojecen,

dibujo una sombra,

ternura devienes.

Acaso podrías decir qué sucede?

Hagamos de cuenta,

que sólo amaneces.

Bailar desnudando tu risa,

navegar los vaivenes.

La duda recae,

sobre el calor que las teje.

F.K.

Ha sido

Sabía lo que iba a pasar después de esto. Incontenible tensión.

Reflujo espejado escupe ardiente.

Callado en su caja de cristal biselado.

Burlado por doquier.

Resquebrajados los hilos entretejidos de sus glándulas.

Saliva insistente humedece el secor continuo de su boca. Esa boca hermética. Casi un anzuelo.

Desde que lo veo en paralelo ha cambiado.

Ha sido como rescatar un corazón dormido.

Tal vez herido pero sin lastimar.

Ha sido quizá como una estampida.

Como dejar sostenidas figuritas de altamar.

F.K.