Silvestre

Ofrecer al descuido algo de lo que queda de mí.

Entonces pienso y siento mis pies, 

flotando en una superficie etérea

 y el té que me espera inquietante, 

me quema la garganta, 

que sensible como está, tiembla en cada sorbo. 

Y aún no se puede decir que todo esté bien.

Solo puedo agradecer al viento

que alivia el dolor de este cuerpo,

que se pone tieso ante la amenaza del tuyo cuando se acerca.

Y me hago flor cada vez, con colores más espesos.

Y soy eso. A veces espero tus silencios.

Estás en peligro de dejarte ser así y no dejar que te amen.

El sueño partido y la ansiedad de vivir momentos que aún no llegan.

Estoy tan despierta al mundo que puedo transformarlo.

Hay una ecuación que divide sin decimales 

los centímetros que penetran el cuerpo.

Vamos a ritmo.

Mezclamos verbos.

Mi cerebro dormido,

moja tu pecho.

Y busco tras la sombra de aquél puñal un poco de bondad.

Quizá rememorar el tacto que transpiraba al azar.

Seré una sonata, aquello que te deslumbra.

Un sueño descarrilado.

Una balsa diminuta.

Unas mínimas olas.

Lujo de amapolas.

F.K.

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