Bastaría 

Si tan sólo fueran esos amargos intentos de nada los que esconden embates al filo.

Quien pudiera hacer trizas las ganas empapadas de fastidio.

Hazte ya de aquello que has bebido pues mi última ración se la llevan mis vestidos. 

Bajo la desnuda calma yacen tercos los quejidos.  Cuanto más he de alcanzar aquí bajo de tu nido. 

No son modos aquellos de engrandecer al hastío.  Bastaría de un clavel para perfumar al mendigo. 

F. K. 

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