Una primavera en abril 

Ya no puedo encarcelar éste deseo de volar.

Si mis pies se vuelven mar, no es más que agua que he de nadar. 

El azul del cielo marea mis ojos. Los pone en un paraíso en donde vivo y desconozco. 

Esa mujer que ha venido ahora no es más que piedras que han oído. 

El sonido del tren que abraza espera otra estación,  espera en calma. 

Pues la neblina de aquél camino no ha sido más que eso y se ha ido. 

Rememoro la tristeza y la nostalgia que alguna vez fueron ella.

Sin embargo, tan de a poco ha sido un gran despojo. Dejar ir miedos, esa rueda de misterios. 

Se ha aclarado todo tanto,  se han marcado tantos pasos.

Despeinada en el espejo y una sonrisa de nuevo.  Ha vuelto el alma a ser el cielo en donde sobrevuela el amor de nuevo.

F.K. 

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