Nunca fueron 

Primero una luz se reflejó. Surgió viviente de aquel hueco. Con toda su fuerza iluminó el pasillo.

Una gran explosión buscó plenamente cobijo bajo el arbolado patio trasero. 

Deshechos fuertes hicieron unos minutos aquél paisaje instantáneo.

Arrebato de tu cuerpo perversamente recostado rodeando el río. 

Sutiles cantos apagados que entre hoja y hoja resonaron desbandando seres en frío. 

Ruin culpa demandada. Cuando por ellas se iban. Gritan coloreando las estrellas más aún sin fuerza que las guía. 

Nunca eran esos días. Nunca fueron tus caídas. Crudo choque que insiste saborear el jugo de mi alegría. 

F. K. 

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