Sin resistencia 

Sentada en el inodoro, con la ropa interior a la altura de los tobillos, un poco inclinada hacia adelante. El pelo le caía por los costados, aún mojado y chorreando algunas gotas. Sostenía el arma a la altura de la sien y como un movimiento coreográfico acompañaba la escasa oscilación de su cabeza mientras la veía orinar.

Su respiración había quedado en suspenso, aún no había podido chequear si seguía con vida. El miedo le había puesto rígido el cuerpo, se movía a la orden de esa voz como enlatada que la perseguía por la habitación, obligándola a permanecer en la silla y reincorporarse. Dando consignas inútiles y estimulando a su desmayo.

Con poca precisión intentaba señalar algo con el mentón hacia adelante, como una burla descarada mal interpretada. Insistían en una tortura lenta, innecesaria para la situación. Se había entregado desde el primer momento, sin resistirse, sin siquiera forzar . Sólo sus ojos daban señal de un profundo sufrimiento, se le habían enrojecido y comenzaban a dolerle fuertemente.

Unos golpes retumbaron en el techo, chistó fuerte y me miró con ojos de venganza. No había visto en su vida esa mirada pero podía entender que debajo de toda esa violencia había un dolor profundamente abierto, tan abierto como el cielo de ese día de primavera.

La tortuga del patio, el limonero, las revistas escondidas en el gallinero, el mantel de hule, los almohadones de pana, la muñeca de porcelana en la silla de la habitación, el barro de las rodillas, el chicle pegado en el asfalto, los colores del traje de papá, la sidra volcada en el suelo, las uñas rojas de mamá, los rulos de su hermano, la sonrisa pálida de su hermana, las gafas gordas del vecino, la campana de madera del modular, la caja de galletas del fondo, el olor del café con leche, el toldo a rayas, el traje celeste de bailarina, la caja musical de la cómoda, la radio encendida, el almanaque del comedor, las banquetas marrones, la boca abierta del abuelo, los ladridos del perro de enfrente, el sillón hamaca, los adornos playeros………

Como una ola inmensa que estalla contra las rocas, el culatazo la desmayó brevemente. Entreabre los ojos húmedos parpadeando varias veces. No logra ver nada, no siente la mayoría del cuerpo. Sólo ve a lo lejos unas luces rojas intermitentes. Quiere gritar pero calla.

F.K.

 

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