Suceden 

Se perdió. Comenzó a caminar sin rumbo y sucedió. Paro en la esquina. Respiró profundo e hizo un paneo de donde se encontraba. No pudo descrifrarlo. Tomó el mapa todo abollado que llevaba en el bolsillo junto a unas cuántas monedas. Lo abrió y dio vueltas hasta que pudo ubicarse. Estaba tan sólo a unos metros del lugar. Reconoció la esquina pero necesitaba cerciorarse de todo antes de dar otro paso. Estaba exhausto, transpirado y le dolían los pies.

Un humo espeso se avistaba a lo lejos, podía sentir en la ropa ese olor nauseabundo que le traía como fotos un recuerdo armado en desorden. Las rejas negras. El pasto crecido de la entrada. La ventana ovalada del primer piso. El auto abandonado en la puerta. Todo estaba ahí. Como hace tanto. 

Se acerca a la ventana y trata de ver por encima de la tierra aferrada al cristal. Limpia un círculo con el puño pero no logra distinguir demasiado. Un sillón desvencijado y unos pies que cuelgan destartalados. Botellas y el cenicero atiborrado en el piso. Golpea efusivamente dando un grito. El cuerpo de adentro no reacciona. Sigue en la misma posición que antes. Busca la traba de la ventana y hace fuerza para forzar el carril oxidado. No logra abrirla. 

Se sienta en el tapial. Observa detenidamente el cielo casi rojizo anunciando la tormenta. Saca un cigarro y se dispone a esperar.

Al cabo de un par de horas reacciona por el ruido de la apertura de la puerta. Era él. Se levanto y estaba como desconcertado de verme. Intuyo que había perdido las esperanzas luego de nuestro último pleito. La verdad es que no merecía que fuese a verlo. Pero no podía soportar dejarlo así. A pesar de todo seguía siendo un ser humano con signos vitales. No podía dejarlo abandonado.

Con un ademan me invito a pasar. Prepare un poco de café y nos sentamos en los sillones. Le hice un gesto de saludo y me contestó con un movimiento de cejas. Había pocas palabras para decir en momentos como ese. Claramente hacia tiempo que no estaba con un ser humano que se preocupara por él. 

Pasamos la tarde y los días subsiguientes juntos. Casi no hablamos. Le cocine varias veces y nos quedábamos hasta tarde mirando tv. Lo acompañaba a la consulta cuando le tocaba y fuimos al cementerio un día a llevar unas flores a mamá.

Al cabo de unas semanas seguí mi rumbo. Tengo que vivir mi vida. No puedo quedarme con él. No me hace bien. Necesito curarme y cuidar de mi. El quiere quedarse así. Pasar sus días bajo efectos de algunas sustancias. Pero ya no puedo verlo dejarse ir. 

Elijo caminar hasta la estación. Saco el mapa de nuevo. Es tarde y el sol escupe unas últimas gotas.

F.K. 

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