Banderines

En ese borde pequeño de aquel establo venido a menos en donde reposaba por las tardes al calor de la hoguera.
Ahí donde dormían esos dibujos tallados de carbonilla sobre la pared.
Intentaban como siempre derramar un poco de amor foráneo al teatro menos abastecido del pueblo.
Cajones que guardaban las puntillas recortadas del tul calado azul eléctrico. Las sobras de lentejuelas esparcidas por el aserrin húmedo pegado y desparramado entre sus notas.
Bolas colocadas unas sobre otras en un conjunto indefinible de trastos tirados que revolvian los labios de cualquier hablador experto.
Mientras los sueños de trampolín jugueteaban en las afueras ellos maquetaban la próxima salida.
Unos más que otros entablando al animal acallado en preparación.
Suelten esas trenzas que con el empuje del aplauso vienen en marcha los banderines de tela.

F.K.

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