Límites

Qué bueno es tener límites, eso significa que uno no puede ser una mierda ni dejarse tratar como tal infinitamente, eso significa que, en algún momento, no se sabe exactamente por qué motivo, razón y/o circunstancia uno decide en una parte muy profunda y amorosa con uno mismo que algo acabe, que llegue a su fin, que no lo derrote completamente y lo deje bajo tierra. Es un excelente rasgo en la forma de ser el poseer límites. No me había dado cuenta de eso hasta que lo experimenté.

Decir basta, concreto, el basta que te devasta pero después te anima, te expulsa hacia otro universo interior, a buscar nuevos pensamientos, no ya interconectados del todo. Caminando a la par viene la decisión, firme, intensa, dolorosa, y llena de incertidumbre. Se te pega como el mejor estribillo de una canción, se concentra y viene el cambio. No se puede ganar nada sin dejar ir otro tanto, no se puede con todo, ni tenerlo todo. Elegir un pedacito de todo puede ser mucho más atractivo que poseer el resto. Se trata de apreciarlo, cuidarlo, respetarlo y hacerlo crecer hasta que ese pedacito sea un todo.

Mi todo ahora está en mí.

Deliro en una especie de sueño de subsuelo, porque sigue estando ahí pero escondido. Nada se va del todo. Siempre hay huellas si se necesita reconstruir. Encontrando apenas una tengo un fragmento con el que puedo dialogar.

El dolor vuelve, hay vestigios de lo irresuelto. Te disparo en mi cabeza una y otra vez, el recuerdo revive pero cada vez sangra menos. Y así pasan los días. Mañana un poco menos y un poco más.

F.K.

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